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🌍 Grecia

Partenón de Atenas

El Partenón de Atenas

Desde tiempos remotos, la Acrópolis, la colina a cuyos pies creció la ciudad de Atenas, quedó asociada a Atenea, diosa tutelar de la ciudad, identificada con la sabiduría, la guerra y las artes.
A principios del siglo VI a.C. se construyó un primer templo en su honor, el llamado Hecatompedón, que fue derribado tras la batalla de Maratón en 490 a.C. para erigir un templo mayor, el Pre-Partenón, pero diez años después los persas invadieron Grecia, arrasaron la colina y destruyeron sus edificios sagrados.
Durante más de treinta años la Acrópolis quedó en estado ruinoso, hasta que Pericles, el general y político que dominó la vida de Atenas desde 461 a.C. hasta su muerte en 429 a.C., impulsó un ambicioso programa de reconstrucción. Fue entonces cuando se levantó un nuevo templo dedicado a la diosa: el edificio que hoy conocemos como Partenón.
-Un prodigio de mármol
Los arquitectos encargados de construirlo fueron los atenienses Ictino y Calícrates. Para levantarlo se aprovecharon las piedras del anterior templo de Atenea y se empleó mármol en toda la estructura, incluidas las tejas, que normalmente eran de cerámica. Esta elección convertía el edificio en una rareza para su época y subrayaba su carácter excepcional. Además, el Partenón fue concebido como uno de los templos más grandes del mundo griego, y seguía las proporciones del templo de Zeus en Olimpia, uno de los santuarios más venerados por los helenos.
El interior estaba dividido originalmente en dos salas de dimensión desigual: la naos o cella, la nave principal y mayor, de 30 por 19 metros, y una sala menor. El edificio estaba construido íntegramente en mármol, con la excepción del techo de madera, dorado. No sabemos con certeza cómo se trataron sus paredes, aunque es muy probable que estuvieran pintadas. Otros templos de la Antigüedad presentaban igualmente decoración pictórica, como el dedicado a la propia Atenea en Élide, cuyas paredes de piedra estaban recubiertas de yeso mezclado con leche y azafrán.
Del mismo modo, solemos imaginar los templos antiguos como espacios puros y sobrios, cuando en realidad debían de estar repletos de objetos, ofrendas y elementos rituales, de forma similar a algunas iglesias católicas u ortodoxas actuales. Sus paredes exhibían tapices, pinturas sobre madera y antiguas reliquias, según cuentan los relatos de algunos viajeros. Con todo, la gran atracción del interior del Partenón era la colosal estatua de Atenea que se alzaba en la cella; obra del célebre escultor Fidias, era una imagen criselefantina, es decir, hecha en oro y marfil.
Durante mucho tiempo se creyó que el Partenón había funcionado no como un santuario, sino como una especie de tesoro donde se depositaban ofrendas y se guardaban las riquezas del Estado. La misma estatua de Atenea no sería una imagen de culto, sino una pieza votiva, un regalo ofrecido por la ciudad. El hecho de que no existan registros claros de sacerdotes vinculados exclusivamente a la estatua del Partenón parecería confirmar esa interpretación.
-Un lugar de culto
Sin embargo, también hay indicios de que dentro del Partenón se celebraban ceremonias de culto. Las ventanas de la fachada cumplirían la función de permitir la salida del humo del incienso quemado para honrar a la divinidad, y es muy probable que, como en otros templos, allí se recitaran cantos e himnos. Las fuentes también señalan que, durante la festividad de las Plinterias, dedicada a la limpieza ritual de la imagen de la diosa, el templo permanecía cerrado y las estatuas eran cubiertas con velos; esta celebración coincidía con los llamados «días perros», considerados de mal augurio.
Su función religiosa explica que el interior del Partenón se mantuviera deliberadamente en la penumbra, pues contribuía a crear una atmósfera solemne y casi sobrenatural, en sintonía con las tradiciones religiosas del Mediterráneo antiguo, como la egipcia o la cartaginesa.
Durante siglos, el Partenón fue un símbolo del mundo heleno. Resistió terremotos e incendios que dañaron su estructura. Con el tiempo, el oro de la estatua fue retirado para financiar diversas guerras. En 380, tras el edicto del emperador Teodosio que proclamaba el cristianismo como religión del Imperio romano, las puertas del templo se cerraron para siempre, y hacia 430, la estatua de la diosa fue trasladada a Constantinopla para decorar el palacio del poderoso eunuco de un nuevo emperador.
-Una atmósfera mágica
La Acrópolis fue durante siglos el hogar de una antiquísima estatua de madera de Atenea, que se creía caída del cielo y era venerada como la propia presencia de la diosa en la tierra. Este tipo de piezas, llamadas xoana, eran figuras sencillas y de aspecto tosco, pero muy queridas por la población.
En el siglo V a.C., cuando el arte se volvió más naturalista, los devotos comenzaron a representar a los dioses de una manera más cercana a la humana, aunque sin renunciar a su carácter divino. En ese contexto se encargó al artista Fidias una nueva imagen monumental de Atenea, de 12,8 metros de altura, revestida de oro y marfil mediante la técnica conocida como criselefantina. El coste de esta obra fue tan exorbitante que se estima que duplicó el del templo, ya de por sí muy importante. Nunca se había visto una imagen de una escala tan monumental.
Los arquitectos del Partenón, Ictino y Calícrates, junto al escultor Fidias concibieron el interior de la cella que albergaba la estatua de Atenea Pártenos como un escenario sensorial.
Para realizarla, Fidias puso en práctica una minuciosa técnica. El marfil de los colmillos de elefante se desenrollaba en finas láminas, que luego se sumergían en vinagre para ablandarlas y se superponían en moldes. El oro, por su parte, se aplicaba en placas finamente trabajadas y decoradas con motivos florales. Estas láminas podían retirarse si la ciudad necesitaba disponer de recursos en una emergencia.
La diosa fue representada en una pose majestuosa. En su mano derecha sostenía a Niké, la personificación alada de la victoria, símbolo del triunfo de Atenas sobre los persas, y en la izquierda portaba un escudo, emblema de la protección de la ciudad. A sus pies se encontraba una serpiente que representaba a Erictonio, mítico rey fundador de Atenas, nacido de la propia tierra. Así, la estatua condensaba en una sola imagen la gloria militar, la protección divina y los orígenes legendarios de la ciudad.
-Las luces del Partenón
Si la estatua de Atenea era el centro visual y simbólico del templo, surge una pregunta inevitable: en un interior tan amplio y sombrío, ¿cómo se esperaba que pudiera verse? ¿De qué manera se iluminaba una obra de semejante escala? Uno de los grandes logros de los arquitectos del Partenón y de Fidias fue diseñar la escenografía del interior. La sala que albergaba la estatua estaba orientada al sol naciente, y la imagen de la diosa disponía de una vista despejada hacia la salida del astro por el horizonte, creando un eje visual que guiaba la luz hacia la estatua.
Diversos estudios arqueoastronómicos han señalado que dos veces al año –hacia finales de abril y de agosto– se producían alineamientos solares con la estatua. En esos momentos, el sol salía en perfecta correspondencia con la puerta del templo y proyectaba su luz directamente sobre la representación de Atenea. El marfil, que solía frotarse con aceites perfumados, y el oro de la estatua reflejaban e irradiaban la luz de forma sorprendente, como ha demostrado el estudio llevado a cabo por el autor de este artículo. Una de esas fechas caía en verano y coincidía con el festival de las Panateneas. Esto sugiere que el edificio no solo funcionaba como santuario y tesoro, sino también como un sofisticado instrumento calendárico.
Frente a la estatua se dispuso, además, una lámina de agua. Durante años se pensó que su función principal era reflejar la luz solar hacia la imagen. Aun así, los estudios actuales indican que, tal como fue diseñada, no habría sido especialmente eficaz para ese propósito. En cambio, sí pudo haber servido para proyectar destellos móviles sobre la superficie de oro y marfil cuando el agua se agitaba ligeramente, creando un efecto vibrante y sobrenatural.
Fuentes:
-Revista Historia National Geographic, número 272, Juan de Lara. Universidad de Oxford.
-El Partenón. Mary Beard. Editorial Crítica, Barcelona, 2025.
-Internet. The Parthenon 3D. parthenon3d.com (Juan de Lara)